… without direction or destination

Como siempre y siempre.

Acostada sobre el sofá, callada, ella me mira. Estoy sentado en la alfombra que hay junto a la chimenea leyendo su libro favorito. Entre páginas no puedo evitar echar la vista arriba y mirarla.

Lleva una camiseta mía de estas grises que suelo ponerme para dormir. Le viene un poco grande, pero a ella no le importa. Y digamos que a mí tampoco me importa. Debajo solamente viste unos shorts negros, muy cortos.
Con cada caricia que mis dedos le hacen a cada página del libro, para poder seguir con la historia, ella se mueve un poco para acomodarse en su insinuación y distraerme.

Con una pequeña mueca, cojo el separador y lo pongo antes de cerrar el libro. Me levanto y lo dejo sobre la mesa, al lado de la taza de café vacía que se acaba de tomar. Con gesto granuja me voy hacia el sofá y me siento con ella.
Pongo mis manos sobre sus pies, y lentamente voy recorriendo sus piernas desde abajo hacia arriba. Esas largas piernas en las que me encanta perderme durante muchos momentos del día. Me paro. A la altura de sus muslos noto como su piel se eriza y veo cómo aprieta las manos sobre el sofá, presionando la tela y mordiendo poco a poco su labio. Sonrío y mis manos siguen subiendo. Ella está cada vez más nerviosa y yo cada vez más hechizado y absorto. Fascinado.
Mis manos, a la altura entre su cadera y su cintura, deciden cogerla fuerte y mis labios acompañarlas en el camino. Voy subiendo muy despacio y recorriendo centímetro a centímetro su línea del abdomen, aunque sin evitar meter mi cabeza dentro de la camiseta (como era de esperar, es que le viene grande). Se retuerce; aunque no va a conseguir quitarme de encima. Está acalorada; noto cómo se evapora debajo de mis labios.
Le quito la camiseta y la tiro al suelo. Su melena suelta vuela en el aire mientras la levanto y la siento sobre mis piernas. La dejo solamente con esos shorts negros tan cortos.

Llegados a este punto, mi impulsividad se ha quedado en un segundo plano y dentro de mí hay algo mucho más grande, algo que se llama como ella.
La rodeo con mis brazos, mientras mis manos, enamoradas, no dejan de bailar con ella. La miro con total embeleso y veo cómo le brillan los ojos al mirarme. Mi corazón se acelera. Me acerco a su cuello mientras agarro su mentón y lo huelo, me maravilla cómo huele. Y lo beso. Y la beso. La beso como nunca lo he hecho y como siempre lo haré. Como lo hice ayer y como lo haré mañana.

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